Another america otra ame.., p.5
Another America/Otra America,
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Muy amable, tenía un problema,
dijo que su automóvil estaba descompuesto.
Su boca era una caverna pálida.
Necesitaba entrar, librarse del sol.
Me preguntó si podía
pedirme un favor.
En aquellos días yo tenía el hábito
de decir que sí,
aún antes de preguntar:
¿qué desea?,
me siguió a la casa.
Le serví agua en un vaso de loza china,
china, una corona de rosas antiguas,
y luego él preguntó
si podría hacer una cosa más.
Sentí, antes de ver,
la punta inoxidable entre mis costillas
dirigida hacia mi latido,
un tesoro en una jaula
que se abre fácilmente.
La cerradura no fue ningún problema.
Dije: “Sí, lo haré”.
No pregunté: “¿Qué es lo que desea?”.
Fue la última vez.
Ese era mi cuchillo, lo había usado
cientos de días para pelar
mis vegetales, y el lo usó
conmigo con la misma idea, pelando de mí lo que había
de fe.
Los oficiales llegaron pronto
como si hubieran estado esperando.
Tomaron huellas digitales de todo incluyéndome a mí
y comunicaron sin tregua por sus radios
que había ocurrido un diez cuarenta y cuatro en la calle ocho.
Así lo llamaron.
Esos hombres que llevan pistolas
no podían llamar por su nombre
lo que me había sucedido. En cambio,
recolectaron huellas
de mi cuerpo,
del vaso quebrado, cosas
que no podrían haber estado más vacías.
Una huella de cabello o sangre o semen
para capturarlo.
Un olor
para la caza.
Nunca lo encontraron. Y
no espero que vuelva,
aquí ya no hay nada para él. Ni plata
bajo la cama,
ni confianza.
Lo guardo en un cajón con llave con mis cuchillos de cocina
y otras cosas mías que han sido usadas contra mí.
TEN FORTY-FOUR
This is all that happened.
In the pollen heat of an August,
one of those days when the sun
fills your skin like a leaf,
I was in my yard,
visiting the trees.
A man in a clean blue shirt
stood waiting, suddenly,
for me to notice,
waiting as if forever.
Polite enough, in trouble,
said his car broke down.
His mouth was a pale cave.
He needed to get in out of the sun.
He asked if he could
ask me for a favor.
In those days it was my habit
to say I would,
even before I asked
what do you want?
He followed me in.
I poured water in a china cup,
china, a wreath of antique roses,
and then he asked
if I would do just one more thing.
I felt, before I saw
the stainless point between my ribs
dead center on the heartbeat,
a treasure in a cage
so easily opened.
Nothing at all to the lock.
I said, “Yes I will.”
I didn’t ask, “What is it
that you want?”
It was the last time.
That knife was mine, I’d used it
on a hundred days to peel
my vegetables, and with that exact
regard for me he used it, peeled off what there was
of faith.
The officers came promptly
as if they had been waiting.
Fingerprinted everything including me
and stated endlessly into their open radios
that there had been a ten forty-four on 8th street.
That’s what they called it.
These men who carry guns
couldn’t bring themselves to call by name
what had been done to me. Instead
they gathered traces
from my body,
from the broken cup, things
that could not have been more empty.
A trace of hair or blood or sperm
to bring him down.
A scent
for the hunt.
They didn’t
ever find him. And
I don’t expect him back,
he’s finished here. No silver
under the bed,
no trust.
I keep it in a locked drawer with my kitchen knives
and other things of mine that have been used against me.
RETRATO
La dama como puede ha protestado
y a su disposición cuenta con ellos,
los ofrecidos medios: pasión, vuelo
al alcance de una orden atado
y dado alas de ópalo, fineza
con sus alas de mosca al cielo abraza.
Un corazón sí tiene, más su gracia
de construcción cristalina, no muestra
corazón en su interior, ni que pueda
contener lo que contiene. En jaula
dorada, su locura fino habla;
su rabia abortada sangra lenta,
dolor pastel. Cautívales, lloroso,
el exquisito verdor de sus ojos.
PORTRAIT
The lady doth protest as best she can
and has at her disposal those, the right
and offered means: her passion, for its flight,
is tethered in the range of a command
and given opal wings whose insectine
fragility affords a fly’s embrace
of sky. A heart she has, and yet her grace
and crystalline construction show no sign
of heart within, nor how they could contain
what she contains. Her madness, through its cage
of gilt, is rendered fine; aborted rage
bleeds quietly in pastel shades of pain.
And they are enchanted when she cries
with the exquisite greenness of her eyes.
ORANG-OUTANG
Perseguidos
e inquietos en los desiertos, no concibieron ningún deseo.
Inferiores, cuadrúmanos,
no segaron una cosecha de preocupaciones
desde su oscuridad,
no podían saber
ni siquiera que los habíamos abandonado, para gobernar
y dominar,
ni que mediante algún principio del tiempo
también morimos
para vivir
y tener esperanzas de salvarnos,
de ser perseguidos,
e inquietos en el desierto
donde no concebimos ningún deseo.
ORANG-OUTANG
Being persecuted
and restless in the deserts they conceived no wants.
Inferior, quadrumanous,
they reaped no burden harvest
from their darkness,
could not know
even that we had left them, come to rule
and hold dominion,
nor that through some principle of time
we die as well
that we might live
and hope to save ourselves from
being persecuted
and restless in the desert we conceive no wants.
POEMA PARA UNA VECINA MUERTA
Yo amarraba enredaderas de tomates,
oculta hasta los codos y cegada por las lágrimas
de olor de ortiga
el día en que te encontraron muerta.
Sé que amabas mi jardín
más que a los familiares que no te visitaban.
Como ellos, estaba vivo y cambiaba
un poquito cada día
exactamente como lo esperabas.
Me observabas por sobre la cerca
como mira una madre
separada de sus hijos.
Por la noche descorrías el cerrojo
con manos huesudas, y te deslizabas
a regar y sacar las hojas secas
a causa de mi negligencia.
Hacías ruido de flema en tu gran casa
vacía ahora por la partida de tu dulce esposo,
como le llamabas. Él había venido primero
por las llanuras para esperarte:
su novia de la frontera de Missouri,
adolescente en un pueblo de tierra y herraduras,
con una casa que ordenar,
una tormenta de hojas secas en tus ventanas
que nadie sino tú recuerda,
son tu jardín.
Cuando me regalaste tu vestido de novia
para salvarlo de consumirse
en tu casa agonizante,
lo tomé, pero no lo quería.
Terciopelo negro.
¿Cómo podía ser el amor el color de la muerte,
la tela del silencio de la noche?
Reímos, pero corrimos como caballos asustados
para ver que me quedara perfectamente.
En tu funeral voy a ser una de más
en la docena de hijas con la conciencia sucia
y sus esposos de cuello y corbata.
Pensaré en tu casa de resuellos,
tosiendo por fin sus ruidos
hacia el silencio,
pero te dejaré allí
en la cómoda de mármol
que contiene a tu dulce esposo.
Él no ha hecho nada más que esperar a su novia.
Y cuando no pueda dormir me pondré el vestido
de tu noche de silencio,
y me deslizaré hacia mi propio jardín.
POEM FOR A DEAD NEIGHBOR
I was tying up tomato vines,
elbow deep and blinded by tears
in their nettle smell
on the day they found you dead.
I know you loved my garden
instead of kin who didn’t visit.
Like them, it was alive and daily
a little changed
exactly as you expected.
You watched me over the fence
the way a mother
barred from her own children
watches.
At night you unlatched the gate
with knucklebone hands, and stole in
to water and pick brown leaves
when I was negligent.
You rattled like phlegm in your big house
left empty by the departure
of your sweet husband,
as you called him. He had come first
over the plains and waited for you:
his frontier bride from Missouri,
teenaged in a town of dirt and horseshoes,
with a house to keep,
a storm of brown leaves at your windows
that no one remembers but you,
they are your garden.
When you gave me your wedding dress,
to save it from the consumption
in your dying house, I
took it, but didn’t want it.
Black velvet.
How could love be the color of death,
the cloth of a silent night?
We laughed, but shifted like spooked horses
to see that it fit me perfectly.
At your funeral I will make the baker’s dozen
among the guilty daughters
and neck-tied husbands.
I’ll think of your wheezing house,
the last rattle finally
coughed out of it,
but leave you there
in the marble chest of drawers
containing your sweet husband.
He has done nothing there but wait for his bride.
And when I can’t sleep I’ll wear the dress
of your silent night,
and steal into my own garden.
POR RICHARD DESPUÉS DE TODO
Por Richard después de todos
estos años, y por mí misma, soy
cuidadosa. Lectora paciente,
vigilante entre
piedras caídas:
tú puedes, ¿sabías?, escuchar
los labios del agua que se abren
y se cierran, observar
cómo cae al fondo, a velocidad de sueño,
identificarla inmóvil antes de dejar caer
la próxima. Así no es como me quedé
con él, una forma de vigilia en el café
nocturno, escuchando y no escuchando, inquieta
bajo las palabras y el tocadiscos automático que no iba
a ninguna parte, exactamente dos días antes
de que, para sorpresa de todos menos para él,
apareció muerto en el taller. Dejándome
con esa noche entera, limando márgenes
que no quieren suavizarse, ni siquiera
bajo una edad de hielo,
buscando la palabra que sucedió mientras yo
no escuchaba. Una piedra caída
en aguas profundas entre tantas otras piedras.
Richard me dejó con todos los otros amigos de mi vida:
para leerlos con cuidado, hasta el final, como
a libros prestados.
FOR RICHARD AFTER ALL
For Richard after all
these years, and for myself, I am
careful. A patient reader,
a waiter between
dropped stones:
you can, did you know? hear
the water’s lips open
and close, watch it
fall to the bottom, dream-speed,
identify it at rest before dropping
the next one. This was not how I stayed
up with him, a kind of vigil in the all-night
coffee shop, listening and not listening, restless
under the words and the one-tune jukebox going
nowhere, exactly two days before
to the surprise of all but himself he was
dead in a garage. Leaving me
with that all-night, rubbing edges
that don’t go smooth, not even
under an ice-age,
looking for the word that happened while I
didn’t hear. A stone fallen in
deep water among so many other stones.
Richard left me with every other friend in my life:
to read them with care, to the end, like
borrowed books.
LA PÉRDIDA DE MIS BRAZOS Y PIERNAS
1.
El correo de ayer
me trajo, sin previo aviso,
la pérdida de mis brazos y piernas.
Leí la carta inmutable,
el hueso estalló
dentro de mi cráneo
y fluyó el aturdimiento,
como un glaciar,
por mi columna vertebral.
Se había detenido en el camino para ayudar a una mujer
con una llanta desinflada, mi amiga es generosa. El hombre
que la golpeó con su automóvil
nunca se detuvo.
Esta es la amiga a la que siempre
he visto calzada.
Ahora no puede enderezarse para verse los pies.
Esta noche me mantiene despierta el ladrido
de todos los perros en mi cerebro.
¿Es así como se siente?
Cuando todo lo que se tiene
queda enjaulado dentro de un cráneo,
porque puedes mirar el viento
afuera, y ver
que hasta los árboles pueden moverse,
pero tú
tienes que pedirle a alguien
que limpie y gire tu cuerpo
mientras esperas por todo el resto
de todo el tiempo
que te queda.
2.
El monje budista,
con la cabeza contra el cielo, reza
para que se detengan las bombas.
Su piel es demasiado pura para haber caminado
junto a las autopistas:
desde Tokyo a Nagasaki.
Desde San Francisco hasta el desierto,
encrespado en llamas el ruedo amarillo
de sus túnicas. “Siente”, dice;
y yo siento el dolor de la mujer
que no pudo encontrar a su hermana.
Estoy frenética entre los escombros.
En las siluetas de los cuerpos
proyectados contra los ladrillos
en las murallas de los edificios
descubro sus pequeños huesos quemados.
3.
Yo soy el polvo que siente la bota.
He sentido el hambre hasta que se me ha caído el cabello
y me he comido las uñas.
He sido violada en Texas,
en Puerto Rico, en Mississippi
por un hombre blanco que usaba el odio
como un apodo amoroso; violada
en El Salvador, frente a Dios
y a la tumba que esperó
para acunarme; violada a punta de bayoneta
en las montañas de Guatemala
mientras miraba los ojos redondos
de mis hijos, y oraba para que no sintieran nada,
y oraba para que sintieran siempre.
4.
Me han dicho que no puedo permitir que las heridas
de todo el mundo sangren
en mi único cuerpo,
que no quedará nada para mí.
Nada para amarrar las cintas
que los traigan a casa. Los hombres que arrojan bombas
y dejan a los pequeños despegándose la piel
de los brazos, sin entender.
Cintas de piel.
Tengo entendido que están ahorrando
sus lágrimas para sus hijas.
5.
Soy el único animal
que puede morir cien veces,
y aún sentir por dentro el miedo a la muerte.
Si esperamos supervivencia,
permítanme lo siguiente:
mientras me sigan abriendo heridas
déjenme sangrar.
THE LOSS OF MY ARMS AND LEGS
1.
Yesterday’s mail
brought me without warning












